jueves, 18 de junio de 2015

EL CASTRO DE MOURA



Podría decirte que estoy perdido en medio de ninguna parte, o quizas tan solo este perdido dentro de mi propio yo.. Perdido, aislado dentro de mis propios pensamientos y sentimientos como cada vez que visito cualquier lugar de este bello entorno nuestro, el cual forma parte del propio corazón de la ribera sagrada del Rió Sil..
Me encanta la soledad, tu lo sabes y lo apruebas..
Opinas (Yo tambien) que de vez en cuando, esta cura de soledad es necesaria para poner en orden mis proyectos, mis pensamientos y mis ideas..
Yo, me siento cómodo en ella..
Me da margen y ocasión, para pensar detenidamente en un montón de cosas..
En cientos de cosas..
En estos instantes me encuentro en el castro de Moura. Un lugar elevado y erizado de grandes rocas desde las cuales los refugiados de las guerras viriaticas, (quizas) pudieron hacer nuevamente frente a las legiones de Decio Junio Bruto, que en su afán de conquista subieron por los ríos Sil y Miño, hasta acabar con la resistencia galaica en la batalla del monte Medulio..
Estoy aquí. 
En este paisaje de ensueño.
Sentado en una piedra, y protegido del inclemente sol por la sombra de un madroño, mientras mis ojos vagan por la inmensa soledad de estos paramos rocosos, los cuales han empezado a vestirse con los bellos y frescos colores de la primavera.
Los brezos, puntean los roquedales trepando en apretadas filas monte arriba, mientras que Carpazos y "Carquexas" empiezan a mostrarnos la lozanía de sus magníficos mantos. Por su parte. los extensos "Piornales" mostrando los suaves tonos amarillos de su hermosa floración, quedan voluptuosamente enmarcados en el entorno..
A mi alrededor, se despliega una grata cacofonía formada por los trinos de los pajarillos y el monocorde zumbar de los insectos, mientras que desde algún oculto lugar, me llega el monótono canto del cuco. 


Allá abajo suena la estridente sirena del tren a su paso por la estación de Los Peares. Luego, desde mi privilegiada posición, veo el extenso convoy porta-coches desplazándose a moderada velocidad por los brillantes raíles, que corren paralelos a las aguas del embalse de San Pedro. 
Suena de nuevo su sirena a la altura del dormido pueblo de San Cosmede, arrancando ecos, en la sinuosa garganta que forma los cañones inferiores del Rió Sil.
Este castro, como punto de defensa que era, goza de una esplendida vista a su alrededor.  Hacia el Sureste, al pie del Monte-meda se ve la abrupta cortadura de los cañones superiores del sil, así como los pueblos de Santo Estebo y Paradela bajo la callada protección del "Penedo do Castro", otro punto defensivo muy importante de este contorno, que sobresale del "alto do Pombar" y esta prácticamente colgado sobre las riberas del Sil. 
En la cima de este castro existe una roca sobre la que se puede leer la inscricion de LEOVIGIL DVX, la cual el investigador Freire Camaniel asegura pertenecer a un duque de Leovigildo, el rey visigodo.
Hacia el norte se divisa el pueblo de San Vicente de Pombeiro con su bella iglesia románica. Hay documentos que abalan la existencia de un monasterio benedictino, del que hoy no quedan más que algunas huellas y que formo el priorato de San Vicente.
Hacia el sur-oeste queda la necropolis megalitica, conocida como "As Mamoas de Moura", mientras que hacia el Nor-oeste queda la población de Moura, en cuyos montes parroquiales queda enclavado la casi totalidad de este bello entorno.
Junto a mi amigo Antonio Campos, hemos desbrozado la cima del castro en largas y duras jornadas de calor, sed y polvo.
Pero ha sido gratificante, y a su término hemos colocado en su cima más alta.. la bandera blanquiazul, de nuestra bella tierra Gallega.
Al sur del promontorio del castro y protegido por este del frió aire del norte, se hallan las ruinas de un poblado castrexo. Al desbrozarlo de la maleza que lo cubría en parte, quedaron a la vista los cimientos de seis construcciones de forma rectangular y una de forma circular.
A unos treinta metros del poblado, a la izquierda del sendero que trepa entre brezos hacia la cima del castro, se encuentra lo que a nosotros (En nuestras propias y sencillas apreciaciones) nos parece ser un pequeño Dolmen.
Este extremo a no dudar, tendrá que ser estudiado y verificado por gente cualificada.
Sabes: hemos limpiado y desbrozado un sendero para poder acceder a la llamada "Pedra Longa". Esta es un menhir de casi nueve metros de altura, que se yergue desafiante sobre las laderas que dominan los cañones inferiores del rió Sil..
En estos momentos, estamos pendientes de una reunión con miembros de nuestro ayuntamiento, para tratar de incorporar todo este rico patrimonio, a las ya atractivas ofertas que en temática de turismo dispone las tierras de Nogueira de Ramuin...
El sol ya se a hundido totalmente en el horizonte, dejando tras si un rastro rojizo.
La temperatura a bajado algún grado, ya que ahora la suave brisa que sigue meciendo arboles y monte bajo, deja su fría huella en la desnudez de mis brazos.
Con una última mirada al fondo del cañón, desciendo de la protectora cima del castro y por el sendero bordeado de altos helechos -con la intención de llenar la cantimplora-  me encamino por la senda del regato, páramo arriba en dirección a donde había estacionado mi pequeño Opel..
Tras una caminata de quince minutos, y ya instalado en el confortable habitáculo del pequeño automóvil, dirijo mi vista hacia la pétrea mole del castro el cual ya se confunde en la oscuridad reinante con el resto del paisaje. Detrás de el, las luces de los pueblos de Santo Estebo y Paradela puntean la noche con sus reflejos de neón..
LA NOCHE ES DEL LOBO -pienso mientras realizo la maniobra de marcha atrás, y luego me alejo traqueteando por la maltrecha pista hacia la seguridad y calidez de mi propio hogar- Y EL LOBO ES EL SEÑOR DEL PÁRAMO..
Mel Domuro.
Restaurante Olegario..
Luintra..
9-6-2015.


                                                                  ***
Declaro bajo juramento que todo lo que subo a este blog, es de mi autoria y soy dueño de todos los derechos,,, excepto los que manifiesto ser de otro autor..


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